martes, junio 10, 2008

Vivir en cuevas en el siglo XXI










Vivir en cuevas en el siglo XXI










Las lumbreras, como ésta de Ricla, permitían la entrada de aire al interior de las cuevas.
En la actualidad, las viejas cuevas bodega son más utilizadas como lugares de ocio. Bodegas Bordejé en Ainzón.

Las cuevas fueron las primeras y más codiciadas viviendas para el hombre primitivo, especialmente cuando se vio obligado a refugiarse por el cambio de clima y la llegada de las glaciaciones. El mejor refugio que ofrecía la naturaleza eran las oquedades y cuevas; servía de abrigo en invierno y era fresca cuando quemaba el sol.








Además, era una forma de defenderse de animales salvajes como el tigre de sable o el oso y también de los enemigos de otras tribus. Se tiene constancia de que hace más de 300.000 años antes de Cristo, hombres prehistóricos ya habitaban en cuevas del sur de Francia o de China. Así siguió durante miles de años; existen cuevas que han estado habitadas durante tiempos inmemoriales y no fue hasta que la mejora en el nivel de vida fue importante, que los hombres dejaron de habitar en cuevas.




En la actualidad, en el mundo desarrollado, es excepción quien sigue viviendo en ellas, aunque hay localidades que conservan barriadas enteras de este tipo de viviendas. En el pasado más reciente, muchas cuevas fueron habitadas por ermitaños, como en la cueva Gotolas de San Juan de la Peña o por anacoretas en cuevas de Sopeira (Huesca) que fueron el antecedente del Monasterio de Nuestra Señora de Alaón.





En Aragón, numerosos pueblos, especialmente de la provincia de Zaragoza, cuentan con cuevas que fueron o son viviendas. Conocidas son las de Juslibol, barrio cercano a Zaragoza donde las cuevas son muy cotizadas como vivienda; los moradores hablan de que son frescas en verano y templadas en invierno y la mayoría de ellas están realmente bien acondicionadas. Precisamente estos días se está preparando un plan de ordenación de las cuevas de Juslibol. Pero estas no son las únicas; el valle del Ebro es rico en cuevas excavadas como vivienda y se pueden ver abundantes ejemplos en lugares como Bardallur, Salillas de Jalón, Miedes, Épila, Muel e incluso Calatayud.




También las Comarcas del Moncayo y Campo de Belchite cuentan con cuevas que fueron y en algunos casos siguen siendo utilizadas como viviendas. Otro ejemplo diferente de uso de las cuevas son las existentes en localidades como Botorrita, Almonacid de la Sierra o Tabuenca, utilizadas para guardar el vino y como lugar donde acudir a degustar y compartir un trago. Aún cuando la mayoría de las cuevas no están habitadas continuamente, sí que están arregladas para utilizarlas en fin de semana.




Además, en otras zonas españolas, principalmente en Castilla La Mancha y Andalucía, se han convertido en originales establecimientos de turismo rural como una oferta diferente para pasar unos días viviendo en una cueva y en intenso contacto con la naturaleza.