jueves, noviembre 26, 2015

Peñaflor. Sevilla. Dormir en cuevas romanas de hace dos milenios

fuente:http://www.turismoyculturapenaflor.com/patrimonio/patrimonio-arqueol%C3%B3gico/casas-cuevas/ El Conjunto Arqueológico Casas Cuevas, inaugurado en 2011, es un equipamiento cultural localizado en el Barrio de la Morería, en pleno corazón de la ciudad, junto a los restos del Castillo almohade y a la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. Forma parte de la necrópolis oriental de la ciudad romana de Celti, y ha llegado a nuestros días reutilizado para uso habitacional en viviendas populares, después de haber permanecido durante siglos abandonado. Estas edificaciones tienen un marcado carácter singular dentro de Peñaflor. La reutilización de los restos de la antigua necrópolis ha sido asumida de tal manera que la colectividad desconoce en gran medida el origen y cree que estas cuevas fueron labradas para uso habitacional. Se ha de indicar el carácter de identidad de estas viviendas, que se asocia a las condiciones sociales y humanas de los habitantes de esta calle, hasta tal punto de ser conocidas con el apelativo de “cueva de...”, asumiéndose el nombre propio de algún vecino que vivió en la misma y que ha perdurado con los años. Se propone un recorrido que comience por las Cuevas, visitando la Cueva Robledo Blanco, los restos del Castillo, llegar a la Ermita de los Santos Mártires a través del Barrio de la Morería, y de aquí, por la pintoresca Calle Nueva llegar a la Plaza de España (Iglesia de San Pedro), para finalmente dirigirnos a Celti por medio de las calles Juan Carlos I y San Pedro (antiguo decumano romano). La necrópolis oriental de Celti. El Conjunto Arqueológico Casas Cuevas está formado por una serie de cuevas naturales utilizadas en época romana con fines funerarios y que con el tiempo quedaron integrados en el caserío del pueblo. Originariamente esta necrópolis estaba situada extramuros de Celti, y separada por las aguas del arroyo Moreras. Estos enterramientos se sitúan alineados a lo largo del eje marcado por la ladera Oeste del Centro del Castillo, que discurre Norte-Sur y paralela al arroyo de las Moreras que separa el camposanto de la ciudad romana, siendo el único flanco donde se constata la presencia de estas construcciones. Desde el punto de vista técnico y estructural los hipogeos poseen características comunes como sus plantas cuadrangulares-rectangulares, se encuentran horadadas en el macizo rocoso alcorizo y presentan su puerta de acceso orientadas siempre hacia Poniente. Con relación a esta necrópolis oriental destacan por su proximidad, los columbarios de la calle Blas Infante (Bonsor 1931) y de la Ermita de los Mártires San Críspulo y San Restituto. Desde el punto de vista de los paralelos de estas construcciones, si nos remitimos a ejemplos hispanos y más concretamente del ámbito regional, podemos señalar la necrópolis de Carmona, que también presenta tumbas excavadas en el substrato rocoso, aunque la tipología de las construcciones difiere considerablemente por tratarse mayoritariamente de tumbas de pozo cámara, donde el acceso es cenital y las tumbas no muestran por tanto línea de fachada. Un caso con mayores similitudes es el de la necrópolis rupestre romana del camino de Granada en Osuna, conocida popularmente como “Las Cuevas”, que también cuenta con nichos para el depósito de cremaciones, aunque presenta de forma muy abundante inhumaciones en fosas excavadas en el pavimento rocoso de las cámaras. Las Casas Cuevas. A partir del s. III comienza el declive de Celti, período de decadencia que se prolonga varios siglos hasta que finalmente en época visigoda se produce el abandono tanto de la ciudad como de sus espacios funerarios (finales del s. VI – principios del siglo VII). Posiblemente sea en este momento cuando se lleva a cabo el expolio de los materiales (sarcófagos, urnas, ajuares, etc.) así como la pérdida de los revestimientos originales de las paredes, si es que existieron. Durante un largo espacio de tiempo los columbarios pasan a tener un uso marginal utilizándose como refugio de animales y personas. En la actualidad, estos restos de la necrópolis no son visibles desde el exterior ya que la fórmula para ampliar el espacio de habitabilidad ha sido anteposición de una primera crujía con un par de habitaciones en planta baja y un sobrado en la superior, con una modesta arquitectura vernácula. Así pudo paliarse de alguna manera el carácter de infravivienda de estas “cuevas” que pasaron entonces de tener un uso habitacional primario (sala de estar, dormitorios...) a otro secundario (cocina, almacén...). El patio-corredor entre y viviendas en la actualidad se ha colmatado en muchas de ellas, ampliando las estancias hasta el cerro rocoso. La función del patio era servir de conexión entre distintas salas de la casa y los antiguos columbarios, así como de lavadero en determinadas ocasiones. La reutilización para estos usos es fechable a principios del s. XIX. A lo largo de este período la calle de las Cuevas se va conformando tal como la conocemos en la actualidad. El intervención en la Cueva de Robledo Blanco, como experiencia piloto para la recuperación futura de todo el conjunto, responde a una iniciativa municipal en colaboración con la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, siendo una muestra significativa en la que se pone de manifiesto la superposición de usos muy dispares a lo largo del tiempo.